In Barbastro, Somontano

¿A CUALQUIER PRECIO?

EL PUEYO Y LA PLANTA DE BIOMETANO

Por Foro B21

El impacto de la planta de biometano que se proyecta en los alrededores del monte del Pueyo no se puede ignorar. La finalidad de este tipo de instalaciones es la transformación de purines en biogás y fertilizantes mediante un proceso de descomposición que requiere la adición de otros residuos orgánicos. Nuestra posición no se dirige a cuestionar la conveniencia de estas factorías, sino a denunciar lo inadecuado de esta ubicación por tres razones fundamentales: las emanaciones que pudieran alcanzar a la población de Barbastro, el impacto negativo sobre el área de servicios situada en sus proximidades y la alteración del paisaje y la vida natural de un espacio emblemático

         Es incuestionable que esta planta producirá consecuencias negativas en su entorno; ni siquiera la propia empresa las niega, eso sí, las minimiza. Ante ellas, no cabe escabullirse parapetándose en las decisiones de órganos como el INAGA.

        En primer lugar, parece inevitable que, como consecuencia de los vientos, los olores resultantes del proceso industrial puedan llegar a afectar, con mayor o menor frecuencia, a una extensión que comprendería la misma ciudad de Barbastro. Lo que no cabe duda es de que el mayor perjuicio lo soportaría el Área 62, un establecimiento de servicios en carretera que podría verse abocado al cierre. Por otro lado, se va a alterar el entorno de un lugar que tiene una enorme significación: el Pueyo. El santuario constituye el elemento de identidad más antiguo y relevante de los pobladores de nuestro territorio, que va más allá de su valor religioso. Además, el área que lo envuelve es un espacio de gran riqueza natural, que incluye un hábitat de interés comunitario. Las amenazas no se limitan a este proyecto, sino también a otras actividades futuras de diferente naturaleza. 

        La ausencia de una figura que garantice la conservación de este enclave resulta bochornosa. Hace más de cinco años reclamamos la necesidad de una normativa que preserve este y otros parajes. Su inexistencia solo puede deberse a dos razones: incapacidad o falta de voluntad. Esta grave irresponsabilidad corresponde principalmente al Ayuntamiento de Barbastro, que debe regular en aquello que es de su competencia y reclamar lo que corresponda a otras administraciones. Es un argumento tramposo decir que se cumple la ley y no ejercer su potestad reguladora. Por desgracia, la falta de criterio, la imprevisión o el conformismo se pagan, mejor dicho, los pagamos.

         Todas estas consecuencias se podrían evitar, sin poner en peligro la inversión, si se ofreciera una ubicación alternativa a ENCE que encajara con sus planes de viabilidad.

         No se puede negar que este proceso productivo, por muy vinculado que esté al sector ganadero, es una actividad industrial. Por tanto, la localización preferente debería ser una zona con esa calificación. Si esta resultara incompatible con otras actividades con las que pudiera compartir espacio, cabría dudar de que el proyecto fuera adecuado para nuestro territorio. La localización que defiende la empresa se funda, legítimamente, en la rentabilidad de la inversión, pero únicamente en ello. Resulta poco creíble que no haya otros posibles emplazamientos que eviten afecciones tan graves como las mencionadas.

         Nos consta que otras empresas han barajado la posibilidad de instalar sus plantas de biometano en nuestra localidad. ¿Cuál será la posición del Ayuntamiento ante esa hipotética acumulación? ¿De qué herramientas dispone para regularla? 

         La producción de biogás es una industria que está creciendo en paralelo a la expansión del sector ganadero y en línea con la necesidad de dar una solución sostenible a los residuos que generan las granjas. Este objetivo medioambiental no puede alcanzarse a costa de provocar un daño irreparable a la ciudad, a su entorno y a las empresas existentes. 

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