In Barbastro

LA DEGRADACIÓN VA POR BARRIOS

Por Eduardo Pérez Barrau. Foro B21 

No figura entre las prioridades municipales corregir la degradación que sufre una buena parte del casco histórico de la ciudad, especialmente en los entornos de la calle Monzón y la calle Caballeros. En otras ciudades, los ayuntamientos se enfrentan a estos problemas urbanísticos y sociales con una batería de propuestas o, como mínimo, se enzarzan en un debate intenso de ideas, con denuncias en el pleno municipal y eco en los medios de comunicación. En Barbastro, no.
Aquí, la acción política consiste, principalmente, en lavarse las manos. Que las condiciones de habitabilidad de esa casa deja mucho que desear “Bueno, ya se sabe como son esos vecinos, poco se puede hacer”. Que viven trece personas en una subvivienda junto a la plaza de la Primicia. “Es que este asunto lo llevan en servicios sociales”. Que se cae a pedazos un edificio o la cornisa de una casa. “El dron de la policía local hará las comprobaciones pertinentes”. Que la situación de salubridad de algunos solares y calles recuerdan a un vertedero. “Ya estamos trabajando en un nuevo convenio de limpieza”. Y suma y sigue. La procrastinación elevada a categoría política.
Resulta incomprensible que el ayuntamiento tolere tal grado de dejadez y abandono cuando, en realidad, su obligación es exactamente la contraria. ¿Acaso no es una responsabilidad municipal la dignificación de los espacios degradados? Claro que sí. Sin embargo, el ayuntamiento se inclina por el escapismo. La consigna política es no meterse en berenjenales urbanísticos, y más aún si llevan enquistados décadas. Demasiado riesgo para tan poco beneficio mediático. Es mucho más cómodo seguir el camino fácil, romper la hucha y salir de compras de inmuebles, multiplicar los eventos o invertir dinero en parques.
No se me malinterprete. Muchas de estas iniciativas son positivas para la ciudad, pero ninguna de ellas permite atajar el deterioro que invade el centro urbano. Este doble rasero en el “cuidado” y en la conservación de Barbastro se aprecia con especial claridad en los trabajos que se están realizando en los antiguos Amacenes San Pedro para ubicar la nueva biblioteca municipal.
La cara A es la de un edificio rehabilitado, repintado, con una iluminación elegante que resalta el valor arquitectónico del conjunto y el encanto de la plaza del Mercado. Un edificio singular ganado para la ciudad, motivo de orgullo para los barbastrenses. La cara B se encuentra en la fachada posterior, en la calle San Bartolomé, y es la de un solar abierto en canal, con un aparcamiento infestado de suciedad, punto habitual de trapicheos y urinario improvisado. Belleza y fealdad según el ángulo desde el que se mire.
Dentro de unos meses, el rescate del edificio histórico de los Almacenes San Pedro y los nuevos espacios de la biblioteca municipal se llevarán el aplauso general, y las imágenes de la inauguración llenarán todos los periódicos y las redes sociales. Pero cuando callen los discursos y se abran los libros, los ventanales seguirán devolviendo el mismo reflejo: el de un barrio que agoniza, abandonado a su suerte.
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