LA DESAFECCIÓN DE LA ZONA ORIENTAL DE HUESCA
Por Jorge Latre Galicia
Celebradas las elecciones, y a expensas de la formación de un nuevo Gobierno autonómico, urge nuevamente poner de relieve las necesidades imperiosas que presenta, al menos, la mitad de la provincia; en concreto, la parte oriental de la provincia. Y lo hacemos después y no antes de… por lo que todos podrán presuponer.
Desde Parzan y Benasque a Mequinenza, desde Abiego a Arén, incluyendo todo el Eje del Cinca encabezado con sus respectivas capitales (Barbastro, Monzon, Binéfar, Fraga y Tamarite, etc.) y Comarcas; para todo Sobrarbe y Ribagorza, conviene recordar que el sector Sanitario de Barbastro cubre una zona geográfica de 8500 km2, habitados por más de 110.000 personas (la mitad de la población de la provincia), que se multiplica debido a su potencial turístico cada vez más desestacionalizado. Pero su hospital de referencia (llamado el de Barbastro pero que se siente como propio de toda la zona oriental) no ofrece la misma cartera de servicios que su homólogo de Huesca. Es más; se fomenta una competencia desleal (la existencia de una gerencia única no ayuda al equilibrio) que propicia el no arraigo, la movilidad y el no mantenimiento de sus profesionales sanitarios, cerrándose y trasladándose servicios en un ensanchamiento completamente artificial de este último, no acorde con la realidad social y demográfica. Las continuas y valientes denuncias de sus profesionales y de sus pacientes (estos últimos evidentemente de segunda categoría) atestiguan el interés por su vaciamiento, sin que desde las instituciones se dé respuesta a ello. ¿Hasta cuándo la equiparación absoluta en todos sus términos? Se exige YA pues además de su función sanitaria presenta una vertiente económica, social, cultural y demográfica difícilmente reemplazable, tan siquiera igualable.
El abandono del ferrocarril es otro elemento que destacar. Mientras que Renfe, con la aquiescencia de esta y anteriores administraciones, promociona la movilidad laboral desde Zaragoza mediante un servicio regional semanal diario con llegada a Monzón y Binéfar (estaciones de referencia), la reciprocidad en modo alguno resulta competitiva (un solo servicio y fuera de un horario laboral y académico razonable), y la mera comparación con la ciudad de Huesca resulta sonrojante.
Sin inversiones públicas que traten cuando menos no de mimetizar y si de paliar la existencia de agravios incontestables (desde sendos nuevos campos de fútbol, a un aeropuerto, pasando por una estación de tren que no sirve para interconectar de manera adecuada el resto del territorio, o una UNED necesitada de volver a ser faro y referente cultural y educativo de la misma, etc.), la zona oriental, coliderada entre otros por el corredor del cinca, resiste y empuja alejada de los centros de decisión poniendo su gran grano de arena en pro de una vertebración real de nuestro territorio.
“Agua pasada no mueve molinos” de modo que trataremos de olvidar decisiones castrenses del pasado, si bien los agravios comparativos son enormes, patentes, difícilmente justificables y entendibles por su población, máxime en una zona oriental de la provincia llamada a jugar un papel de capital importancia en la reafirmación y desarrollo de un Aragón, de un Altoaragón que posibilite el proyecto vital para todos aquellos que así lo estimen conveniente. Y esto es obligación tanto del nuevo ejecutivo autonómico como de los partidos en la oposición pues tenemos ejemplos evidentes de hacia dónde conduce la desafección.


