NO LO PONEN NADA FÁCIL VIVIR
Por Eduardo Pérez Barrau. Foro B21
La denuncia de los vecinos de Burceat por las deficiencias en el suministro de agua potable
vuelve a recordarnos el largo camino que aún queda por recorrer para dignificar la vida en
nuestros pueblos. Avergüenza constatar las carencias en los servicios básicos de esta pedanía, y
desconcierta que, en pleno siglo XXI, todavía sea necesario reclamar algo tan esencial como un
abastecimiento de agua digno para el consumo humano.
No se trata de un hecho aislado en los territorios rurales. Aunque el caso de Burceat “bebe”
directamente de la mala gestión —e incluso de la indiferencia— por parte de la política
municipal, lo cierto es que los problemas que arrastran los servicios esenciales de nuestros
pueblos quedan lejos de solucionarse. Es más: con el paso de los años, incluso se agravan.
La sanidad acapara buena parte de las quejas. Ya es tristemente habitual que falten médicos
en muchas localidades, que se cierren consultorios durante el verano o que trasladen a los
sanitarios a otros emplazamientos. Cambios que siempre acaban afectando en mayor medida
a los residentes del medio rural. Lo mismo sucede con las líneas de autobús, que deberían
vertebrar el territorio y que, poco a poco, recorte tras recorte, van desapareciendo. En los
pueblos, primero se despueblan los servicios, y después, todo lo demás.
Existe un doble lenguaje en todo lo referente al mundo rural y la despoblación, que empieza a
irritar a la ciudadanía. Todos los políticos aseguran que la defensa de la vida en los pueblos
está entre sus prioridades y que trabajan para cerrar la brecha entre el campo y la ciudad. Pero
esa defensa choca con una realidad en la que faltan pediatras, buenas comunicaciones,
vivienda…
La contradicción es evidente. Mientras las carencias en los pueblos siguen sin resolverse, el
dinero público fluye hacia otras “iniciativas rurales”: inversiones que se anuncian a bombo y
platillo, y que están más orientadas a satisfacer el ocio del visitante ocasional que a mejorar la
calidad de vida de los residentes fijos. Proyectos que, si bien impulsan la economía de muchas
comarcas, no evitan que, ante una necesidad básica, sea imprescindible coger el coche y
conducir hasta la ciudad más próxima.
Después de tanto dinero invertido en desarrollo rural, seguimos cerca de la casilla de salida. Y
es que no lo ponen nada fácil para vivir en un pueblo. Si no, que se lo digan a los vecinos de
Burceat cuando abren el grifo de sus casas. Pues eso.


