In Barbastro
SIN VIVIENDA EN LA CIUDAD
Por Eduardo Pérez Barrau, miembro del Foro B21
Barbastro es un caso excepcional en España, y único en Aragón, en lo que concierne al mercado de la vivienda. Por razones que escapan a toda comprensión, y en un contexto general de crecimiento económico, no se está construyendo ninguna promoción de viviendas en la ciudad. Ninguna grúa asoma en el horizonte. Hay varios proyectos anunciados, y se está llevando a cabo, eso sí, alguna rehabilitación de edificios y la construcción de alguna unifamiliar, pero ningún bloque de pisos de obra nueva. Algo insólito.
El panorama inmobiliario en Barbastro es desolador, peor que en la salida de la crisis financiera de 2008. La situación actual coincide con una demanda elevada —tanto de compra como de alquiler— que no está siendo satisfecha, y con una oferta mínima que empuja los precios hacia arriba hasta niveles disparatados. A la paralización de la construcción se suma el incremento del número de hogares, fruto de la llegada de población, fundamentalmente inmigrante, pero también procedente de otras comunidades autónomas. El resultado es un paulatino colapso del inmobiliario.
Hoy es prácticamente imposible que una pareja que quiere formar una familia, o que un joven que busca emanciparse, acceda a una vivienda a un precio asequible. Los pocos pisos buenos vuelan, y los malos —los que presentan un estado de conservación deficiente— se destinan al colectivo de residentes extranjeros porque son los únicos dispuestos, por extrema necesidad, a ocuparlos pese a no contar con buenas condiciones de habitabilidad.
Hasta el tejido empresarial de la ciudad se está viendo perjudicado por esta situación. Son innumerables los contratos de trabajo que se rechazan por la imposibilidad de encontrar vivienda en nuestra zona. Una circunstancia que agrava las dificultades que ya tienen las empresas para encontrar perfiles idóneos dispuestos a encaminar su carrera profesional en el medio rural.
Lo peor de este bloqueo es que era totalmente previsible. Se sabía desde hace años que este escenario iba a suceder. La desaparición de las empresas constructoras de «toda la vida», la lentitud burocrática en el ayuntamiento, la absoluta ausencia de una política urbanística que favorezca la inversión inmobiliaria y el nulo interés político por la vivienda de promoción pública, entre otros factores, solo podía desembocar, como así ha sido, en el empequeñecimiento del sector de la construcción y, por tanto, de la ciudad.
Todas las esperanzas en la vivienda pasan ahora por los terrenos del Lidl, cuya perimetral traída de aguas —dicen— va a ser el pistoletazo de salida para que broten las promociones de obra nueva en esa área de la ciudad. Nada se dice, en cambio, de los terrenos del antiguo cuartel militar o de los innumerables solares del centro histórico, que se multiplican año a año, presas de la ruina y del desinterés político. En todo caso, y siempre que no se tuerza la economía, estas promociones de viviendas verán la luz, como pronto, dentro de un par de años. Muy tarde para tanta espera.
Desgraciadamente, no va a haber una solución al problema de la vivienda en Barbastro porque todavía estamos en la fase de no admitir, políticamente, que tenemos un serio problema con la vivienda. Incluso mayor que el que asola a las grandes ciudades.
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