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UNA DEPENDENCIA INMENSA
Por Eduardo Pérez Barrau. Foro B21
Nunca antes nuestra sociedad había sido tan dependiente como lo es hoy. Y no me refiero a esa dependencia propia de las sociedades envejecidas, que obliga a reforzar la atención sanitaria y los cuidados a nuestros mayores -que también-, sino a algo más profundo: a la creciente incapacidad para resolver por nosotros mismos las necesidades y los desafíos que tenemos por delante.
No hace falta salir de Barbastro y de nuestro entorno para encontrar ejemplos de esta nueva vulnerabilidad que define nuestro tiempo.
Nuestra economía depende cada vez más de que personas llegadas de fuera -del resto de España o del extranjero- elijan esta zona para trabajar. La población autóctona en edad laboral ha alcanzado su techo y, como consecuencia del envejecimiento, se reducirá con rapidez en los próximos años. Sin la llegada de nuevos trabajadores, sectores esenciales como la agricultura, la hostelería, la industria o los cuidados, sencillamente, colapsarían.
Algo similar ocurre con el tejido empresarial. La escasez de determinadas empresas y profesionales -especialmente en construcción y reformas- es ya alarmante en Barbastro y nos hace depender cada vez más de las compañías de fuera. A priori, esto no es negativo: favorece la competencia, puede mejorar los precios y beneficiar a los compradores. Pero exige, claro, que haya empresas y capitales dispuestos a apostar por la ciudad. Y eso no está ocurriendo. Esta ausencia dice mucho de las dificultades que encuentran los inversores para desarrollar proyectos inmobiliarios y de otro tipo en la ciudad. Contar con empresas locales siempre aporta un arraigo y una fidelidad que difícilmente ofrecen las empresas de paso.
También en la política se refleja esta dependencia. Cada vez estamos más sujetos a decisiones que se toman lejos -en Zaragoza, en Madrid e, incluso, en Bruselas-. A veces, estas decisiones se toman ignorando las necesidades reales del territorio o despreciando las reclamaciones de su población. Lo hemos podido comprobar con el hospital. El peso político de una ciudad se mide por su grado de influencia en estas administraciones y por la capacidad de atraer proyectos económicos. Y de eso, por aquí, hay poco.
Las ciudades que prosperan no son las que menos dependen de las demás -eso hoy es imposible-, sino aquellas que conservan la suficiente fuerza para reinvertir en ellas mismas. Cuando esa fuerza se debilita, el futuro ya no te pertenece.
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